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Antoine de Saint-Exupéry, su último vuelo y el hallazgo de un pescador que resolvió el misterio de su desaparición

El 31 de julio de 1944, hace exactamente 82 años, a las 8.45, Antoine de Saint-Exupéry despegó de una base aérea de Córcega a bordo de un Lightning P-38 sin armamento. Su misión era fotografi...

Antoine de Saint-Exupéry, su último vuelo y el hallazgo de un pescador que resolvió el misterio de su desaparición

El 31 de julio de 1944, hace exactamente 82 años, a las 8.45, Antoine de Saint-Exupéry despegó de una base aérea de Córcega a bordo de un Lightning P-38 sin armamento. Su misión era fotografi...

El 31 de julio de 1944, hace exactamente 82 años, a las 8.45, Antoine de Saint-Exupéry despegó de una base aérea de Córcega a bordo de un Lightning P-38 sin armamento. Su misión era fotografiar los movimientos de las tropas alemanas en el valle del Ródano, como parte de los preparativos para el desembarco aliado en el sur de Francia. El avión tenía combustible para seis horas, pero nunca regresó.

A las 14.30 fue declarado desaparecido. Al día siguiente, una mujer aseguró haber visto caer un avión cerca de la bahía de Carqueiranne, junto a Tolón. Días más tarde, al este del archipiélago de Frioul, frente a Marsella, apareció el cuerpo de un militar francés que no pudo ser identificado y fue enterrado en Carqueiranne. Nunca se demostró que fuera el escritor.

Durante más de medio siglo, nadie supo dónde había caído el avión ni qué había ocurrido durante aquel último vuelo. ¿El avión había sufrido un desperfecto? ¿Fue derribado por un caza enemigo? Inclusive se consideró la posibilidad de un suicidio, apoyada en el pesimismo que atravesaba al escritor durante la guerra.

Hasta que, 54 años después, un pescador francés encontró un objeto en el mar que aportó la primera pista para resolver el misterio.

Aviador antes que escritor

Saint-Exupéry comenzó a volar mucho antes de hacerse conocido por sus libros. Trabajó como piloto en las primeras líneas de correo aéreo y, en 1929, llegó a Buenos Aires para dirigir la Aeroposta Argentina. Desde allí colaboró con la extensión de las rutas hacia la Patagonia. Esa experiencia aparece en varias de sus obras, especialmente en Vuelo nocturno, publicada en 1931.

Su carrera estuvo marcada por los accidentes. En 1935, mientras intentaba unir París con Saigón en un tiempo récord, cayó con su avión en el Sahara. Junto con su mecánico, André Prévot, pasó varios días perdido y casi sin agua hasta que fueron rescatados. Tres años después sufrió otro accidente en Guatemala y quedó gravemente herido.

En 1943, pidió incorporarse a una unidad francesa de reconocimiento aéreo que operaba desde el norte de África. Sus superiores tenían reparos porque ya había cumplido 43 años y superaba la edad prevista para pilotar esos aviones. Además, las lesiones que le habían provocado los accidentes le dificultaban algunos movimientos. Aun así, consiguió que lo aceptaran.

En una de sus primeras misiones sufrió un nuevo accidente y fue apartado de los vuelos. Pero Antoine insistió hasta obtener una nueva autorización y regresó a la cabina con la condición de realizar un número limitado de operaciones. Fue ese último permiso que lo llevó a las misiones realizadas desde Córcega, en 1944.

El hallazgo

El 7 de septiembre de 1998, Jean-Claude Antoine Bianco, de 54 años, salió a pescar frente al Parque Nacional de las Calanques de Marsella. Hacía años que navegaba en esas aguas.

“Llevábamos pescando desde la mañana a una hora al este del puerto y el tiempo se había puesto horrible. El viento y las olas nos zarandeaban, el cielo estaba negro y llovía a cántaros. Ni siquiera llevaba puesto el impermeable. Así que decidí recoger la red de arrastre y volver a casa sobre las dos de la tarde”, dijo Bianco sobre ese día.

Cuando recogió las redes encontró entre lisas, rapes (conocido también como pez sapo) y calamares, un objeto metálico ennegrecido. Era una pulsera plateada que estaba envuelta en un tejido que parecía “calcinado y petrificado”, según informó el diario El País en octubre 1998.

Bianco limpió la pequeña placa y distinguió unas letras “Me puse los anteojos y raspé un poco la costra que se había formado alrededor”, recordó. “Vi el nombre ‘Antoine’ y pensé: ‘Caramba, este hombre se llama igual que yo’. Seguí raspando y apareció ‘Antoine de Saint-Exupéry’. Entonces me pregunté si no estaría soñando”, contó.

La pulsera decía “Antoine de Saint-Exupéry” y también aparecía, entre paréntesis, el nombre de Consuelo, su esposa, y la dirección de Reynal & Hitchcock, la editorial estadounidense que había publicado El principito en 1943.

El descubrimiento no fue aceptado de inmediato. Había pasado mucho tiempo desde la desaparición del escritor, más de cinco décadas. Además, la pulsera había aparecido cerca de la isla de Riou, al sur de Marsella, lejos de la zona donde se había concentrado la búsqueda del aviador. Por eso, algunos dudaron de que fuera auténtica; otros sugirieron que alguien podía haberla arrojado al mar. Durante un tiempo, hasta el mismo pescador quedó bajo sospecha.

“Durante seis años, la gente dudó. Decían que yo la había fabricado”, recordaría Bianco en 2004, según declaraciones en Associated Press.

La pieza inició entonces su propio recorrido. Primero quedó en manos de la Fuerza Aérea francesa, donde Saint-Exupéry había servido como oficial, y luego fue enviada al Museo del Aire y del Espacio. También llegó hasta los especialistas del centro de investigación y restauración del Louvre. Pero ninguno pudo confirmar con certeza que fuera auténtica o que se tratara de una falsificación.

Henri-Germain Delauze, dueño de una empresa de exploración submarina, Comex, y especialista en investigaciones en aguas profundas, no tenía dudas. Después de estudiar la corrosión del metal, concluyó que la pulsera había permanecido años en el mar. “Recuperé suficientes monedas de plata de barcos hundidos para saber cómo las corroe el agua salada. Esa pulsera es auténtica”, declaró a la revista Air & Space del Smithsonian.

Sin embargo, que la pulsera fuera autentica no resolvía todo. ¿Había caído al agua junto con Saint-Exupéry o había llegado hasta allí de otra manera? Solo la aparición del avión podía dar una respuesta.

La búsqueda del avión

El hallazgo puso en marcha distintas búsquedas. Bianco llevó la pulsera a Delauze, que organizó una expedición en la zona con un barco equipado con sonar, un minisubmarino y vehículos operados a distancia. Durante tres semanas recorrió el fondo del Mediterráneo con la esperanza de encontrar los restos del P-38.

Pero no tuvo suerte, el único avión que localizó fue un bombardero alemán Junkers 88. “Mi idea era encontrar los restos rápidamente y luego anunciar que habíamos encontrado tanto el brazalete como el avión. Le dije a Jean-Claude: ‘Después, iremos a brindar con champán con el presidente Chirac’. Pero lo único que encontré fue un bombardero alemán Junkers 88″, contó Delauze.

Por su parte, el buzo marsellés Luc Vanrell siguió otra pista. Años antes había visto restos de un avión cerca de la isla de Riou, a unos 85 metros de profundidad, y había supuesto que pertenecían a un aparato alemán. La aparición de la pulsera en esa misma zona lo llevó a revisar esa conclusión y en el 2000 volvió a sumergirse. Fue entonces cuando comprobó que entre los restos había piezas de un P-38 Lightning, el mismo modelo que pilotaba Saint-Exupéry cuando desapareció.

La coincidencia era extraordinaria, pero no alcanzaba para demostrar que se tratara de su avión. Otros P-38 también habían caído en el Mediterráneo durante la guerra. Para identificarlo era necesario encontrar alguna pieza que conservara un número de serie.

“Buscaremos otros fragmentos que lleven números de identificación para poder afirmar, sin ninguna duda, que se trata realmente del avión”, explicó Delauze en 2000 al diario británico The Guardian.

En octubre de 2003, los caminos de Vanrell y Comex terminaron uniéndose. Los barcos de la empresa de Delauze participaron en la recuperación de los restos localizados por el buzo. El avión estaba destrozado y sus partes se encontraban dispersas sobre el lecho marino. No apareció el cuerpo de Saint-Exupéry ni ningún otro objeto personal.

Después de limpiar una de las piezas, apareció la prueba que necesitaban para identificar el avión. Los especialistas encontraron grabado el número 2734 L. Al compararlo con los registros de fabricación, comprobaron que pertenecía al P-38 que Saint-Exupéry había pilotado el día de su desaparición.

El 7 de abril de 2004, el Departamento de Investigaciones Arqueológicas Subacuáticas y Submarinas del Ministerio de Cultura de Francia confirmó oficialmente la identificación. Los restos encontrados cerca de la isla de Riou pertenecían al avión perdido del escritor. La pulsera había aparecido en el lugar correcto.

Una respuesta incompleta

Sesenta años después de su desaparición, finalmente se había encontrado el avión de Saint-Exupéry. Pero todavía faltaba responder la pregunta principal: ¿qué había sucedido durante aquel último vuelo?

“El avión de Saint-Ex se hundió en los alrededores de Riou. No sabemos por qué y probablemente nunca lo sabremos”, reconoció entonces Patrick Grandjean, uno de los responsables del organismo francés que participó en la identificación.

Los restos recuperados no tenían señales de disparos, pero eran pocos para descartar un ataque. Por eso, todas las hipótesis siguieron abiertas. Podría haber sido una falla mecánica, un desvanecimiento, un error del piloto o un caza enemigo.

La confesión de un piloto alemán

Cuatro años después, cuando la investigación parecía haber llegado a un punto muerto, apareció un nuevo protagonista. En marzo de 2008, Horst Rippert, un antiguo piloto de la Luftwaffe, aseguró que él había derribado el P-38.

Rippert contó que la mañana del 31 de julio de 1944 patrullaba la costa mediterránea a bordo de un Messerschmitt Bf 109 cuando divisó un P-38 con insignias francesas. Según su relato, se acercó, abrió fuego y vio cómo el avión caía al mar. “Si hubiera sabido quién estaba sentado en aquel avión, no habría disparado. No contra ese hombre”, dijo al diario francés La Provence.

Su testimonio recorrió el mundo y pareció ofrecer la respuesta que faltaba. Sin embargo, nunca pudo comprobarse. No se conservan documentos alemanes que registren aquel derribo, algunos antiguos aviadores pusieron en duda su versión y Rippert había guardado silencio durante 64 años. Tampoco los restos recuperados ofrecieron evidencias de un ataque.

La confesión del piloto quedó como una posibilidad, tal vez la más impactante, pero no como una certeza. Los fragmentos recuperados se encuentran en el Museo del Aire y del Espacio de Le Bourget, en las afueras de París.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/antoine-de-saint-exupery-su-ultimo-vuelo-y-el-hallazgo-de-un-pescador-que-resolvio-el-misterio-de-su-nid31072026/

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