En una carrera de estrategias y supervivencia, Mercedes ofreció premios a sus dos pilotos ante la amenaza de Verstappen
La última foto, la del final, descubrió en una misma imagen cuando cayó la bandera a cuadros a los tres primeros del clasificador. Un desenlace apretado, donde atrás quedaba una carrera en la q...
La última foto, la del final, descubrió en una misma imagen cuando cayó la bandera a cuadros a los tres primeros del clasificador. Un desenlace apretado, donde atrás quedaba una carrera en la que la estrategia y la supervivencia para no ser rehén del desgaste de los neumáticos y del calentamiento del sistema de frenos resultó un desafío. En ese escenario, Mercedes redondeó en el Gran Premio de Austria el negocio y repartió los premios entre sus dos pilotos. George Russell ganó, después de una clasificación en la que lo tuvo en la mira por incumplir con las banderas amarillas durante el accidente que protagonizó Max Verstappen; Andrea Kimi Antonelli cerró el podio y minimizó los daños, porque cambió el escolta en el campeonato, pero mantiene una diferencia considerable: 40 puntos frente a su compañero de garage. En el medio, MadMax, que obtuvo el mejor resultado en el año y demostró estar de regreso en la pulseada por ser protagonista.
Con el resultado de una polémica clasificación retumbando en el paddock del Red Bull Ring, en Spielberg, Russell logró aislarse de los múltiples reclamos para firmar su segundo triunfo en el año -ganó en la apertura del calendario, en Australia-, y el séptimo en nueve temporadas en la Fórmula 1. Todos bajo la estrella de Mercedes, que es la escudería dominante de la temporada: las Flechas de Plata se alzaron con siete de los ocho grandes premios del año; solamente Lewis Hamilton (Ferrari), en Barcelona, logró romper la hegemonía de los autos de Brackley. La tarea de Russell empezó a gestarse a partir de una largada segura para controlar a Charles Leclerc y Hamilton. Un primer movimiento que aseguró la cabeza de la carrera y ser la guía en los 71 giros. Los rivales corrieron para darle caza, aunque ninguno ensombreció el dominio. Existieron amenazas y la de Verstappen fue la mayor: el tetracampeón del mundo reflejó que el modelo RB22 avanzó en la carrera de actualizaciones.
Sin secuelas del golpe que protagonizó en la prueba de clasificación, donde las dolencias en las rodillas fue el peor castigo, Verstappen se involucró para escalar desde la quinta posición: en una misma maniobra se quitó de encima a Leclerc y a Antonelli; llegó el momento de atacar a Hamilton y reanimar las batallas del pasado, donde los dos pulseaban por los triunfos y animaban el campeonato: lo hicieron con grandeza, estirando los límites, pero respetando al rival. MadMax, con aire limpio, atacó hasta quedar a poco más de un segundo de Russell. Ahí, Mercedes, que tenía decidido dividir las estrategias entre sus dos pilotos, anuló la posibilidad de un undercut, llamó al británico al box y dejó en la pista al joven italiano para que ensaye una tanda más larga y con la esperanza de que un incidente de carrera provocara un Virtual Safety Car (VSC) o el ingreso de un Auto de Seguridad.
Las dos veces que los comisarios impusieron un VSC, por el abandono de Carlos Sainz Jr. (Williams) y por el bolardo que desplazó a la pista Alexander Albon (Williams), el destino jugó a favor de Russell: en ambas situaciones, Antonelli se detuvo una vuelta antes para cambiar neumáticos. Mantenerse un giro más rodando en la pista hubiera significado un ahorro de aproximadamente 10 segundos por detención, lo que hubiera modificado por completo el clasificador. Una circunstancia imposible de prever, una condición que debía resolverse entre el desgaste de las gomas y los frenos –Antonelli se quejó del funcionamiento- o tomar el riesgo de forzar los límites. “Me uní a la fiesta un poco tarde y con cuatro vueltas más la carrera hubiera sido más divertida”, comentó Antonelli, que tuvo una largada complicada, excediendo los límites de la pista en dos oportunidades en el primer giro: “No manejé bien, cometí errores y con los neumáticos medios perdí mucho tiempo. Tuvimos problemas con la bebida, no pudimos hidratarnos... Tengo que mejorar, aunque con el resultado minimicé errores”, analizó el puntero del Mundial de Pilotos.
En las banderas amarillas se concentró la polémica del fin de semana en Austria. La señalización por el incidente de Albon en la carrera animó a Verstappen a encender la radio y lanzar una ironía, cuyos destinatarios eran Russell –que no fue investigado en la qualy tras el accidente de MadMax en la Curva 9, donde se enseñó bandera amarilla simple, y acelerar en la siguiente variante para marcar la pole- y la propia FIA. “Hay bandera amarilla en la Curva 10”, avisó el ingeniero Gianpiero Lambiase, que como respuesta recibió: “Eso significa pasar a fondo al lado del coche, ¿verdad?”. Un día antes, la FIA aceptó que Russell aminoró la marcha de modo considerable en la zona afectada por el despiste. “Pierde una décima y media, está completamente dentro de lo permitido”, la defensa que ensayó Toto Wolff, el jefe de Mercedes, ante las críticas. La confusión, en cambio, envolvió a Antonelli, que abortó la vuelta y cedió la posibilidad de batallar por la pole.
VERSTAPPEN PASSES HAMILTON! 😱
This is the battle which saw Verstappen overtake Hamilton for P2 👀#F1 #AustrianGP pic.twitter.com/trCfirKgKx
El segundo puesto es el mejor resultado de Verstappen en el año, aunque el neerlandés entiende que Red Bull Racing todavía está lejos de la victoria en términos de rendimiento y funcionamiento. “Tenemos áreas en las que necesitamos trabajar para la segunda mitad de la temporada. Manejé un auto que no estaba en óptimas condiciones: tuvimos problemas con los frenos... Sí, es un gran paso en comparación con las carreras anteriores. En una pista donde los neumáticos se degradan, mostramos buenas señales”, apuntó Verstappen. La degradación de la goma fue el punto débil de Ferrari: Hamilton tuvo que conformarse con un quinto puesto y Leclerc, con el octavo.
El resumen del triunfo de Russell en el Gran Premio de Austria“Las carreras difíciles te ponen a prueba psicológicamente. Los dos últimos fines de semana me recordaron que puedo hacerlo muy bien en una vuelta y en el ritmo de carrera. Estuve muy fuerte en un circuito que, probablemente, no se adapta bien a mi estilo de manejo. Atravesamos una racha complicada, pero trabajamos muy duro con el equipo para volver a la senda del éxito. Tuve que empujar en toda la carrera, porque sabía lo rápido que venían los de atrás”, comentó Russell, a quien Wolff, en la Q2 de la prueba de clasificación, le lanzó por la radio un pedido para que disfrutara y dejara de presionarse: “George, solo conduce”, disparó el austríaco. La respuesta del piloto británico, al final del gran premio, no pudo ser mejor.