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España empezó a reencontrarse con sí misma, de la mano de Lamine Yamal y con los goles de Oyarzábal

Lamine Yamal, la estrella que se debía este Mundial, asomó en el horizonte, y después del cachetazo de la primera fecha España comenzó a parecerse a sí misma. Sin una actuación redonda, comp...

España empezó a reencontrarse con sí misma, de la mano de Lamine Yamal y con los goles de Oyarzábal

Lamine Yamal, la estrella que se debía este Mundial, asomó en el horizonte, y después del cachetazo de la primera fecha España comenzó a parecerse a sí misma. Sin una actuación redonda, comp...

Lamine Yamal, la estrella que se debía este Mundial, asomó en el horizonte, y después del cachetazo de la primera fecha España comenzó a parecerse a sí misma. Sin una actuación redonda, completa, sin ser la sinfonía de fútbol que brindó en algunos partidos de la última Eurocopa o de la más reciente Nations League. Entre otras cosas porque el rival, Arabia Saudita, tampoco le exigió 90 minutos de esfuerzo, pero con la suficiencia que necesitaba para quitarse el mal gusto del debut, golear 4 a 0 y mandar un mensaje: no conviene apresurarse a descartarla.

A los 45 segundos, Yamal encaró por derecha, arrastró a dos marcadores y lanzó un centro que no encontró rematador pero marcó una tendencia. El equipo que, junto a Portugal, había protagonizado la mayor decepción en el estreno ante Cabo Verde, empezaba a sacudirse las telarañas del toqueteo improductivo para ir directamente a fondo, sacudido desde el inicio por el mejor barman posible para agitar la coctelera.

Luis De la Fuente, como corresponde, había comenzado antes, alterando los componentes del brebaje. Además del pibe del Barcelona, les hizo un sitio a Dani Olmo, Álex Baena y Pedro Porro para darle otro sabor al juego espeso del estreno, y el resultado se vio de inmediato. A los 23 minutos la chapa mostraba un 3-0 y los saudíes, incapaces de cortar el chorro pese a parar hasta nueve jugadores dentro de su área (y los dos restantes en la medialuna), ya habían tirado la toalla.

Siempre es complicado valorar hasta dónde una superioridad aplastante guarda más relación con los méritos del que la provoca o los deméritos de la víctima. Si sirve como medida, a Uruguay le costó una hora y cuarto de partido comenzar a someter a Arabia desde el juego. Antes todo había sido muy parejo, e incluso los asiáticos iban al frente en el marcador. Esta vez, de principio a fin, España no permitió que eso ocurriera.

Fueron muchos los puntos en los que se basaron los españoles para volver a remontar su barrilete (“cometa”, dirían ellos) de candidato. Lamine, que a los 10 minutos apareció libre por el segundo palo para empujar un centro rasante de Mikel Oyarzábal y poner el 1-0, fue sin duda uno de ellos. Pero no el único, ni siquiera el más trascendente, porque en la falta de ajuste fino en la gambeta y el remate se le notó la inactividad. La posta la tomaron Oyarzábal, Rodri, Pedri, Marc Cucurella y las cuatro variantes que introdujo el técnico, y la agradeció el funcionamiento de todo el conjunto.

Arabia salió a la cancha con la lección caboverdiana bien aprendida. Se plantó bien atrás con cinco defensores en línea y otros cuatro apenas unos metros por delante. No tuvo en cuenta la subida de voltaje que se guardaba la Roja para la ocasión. Un Rodri más ágil y certero en la elección del primer pase encontró en Olmo un socio de garantías para darle continuidad al movimiento de la pelota; un Pedro Porro profundo para preocupar por la derecha; y con la sociedad tripartita que montaron por izquierda Baena, Cucurella y Oyarzábal para ofrecer diversas variables de llegada.

El producto final fue un dominio abrumador que comenzaba con la recuperación instantánea de la pelota cuando los árabes querían salir jugando y seguía con la apertura de espacios por afuera cada vez que se lo proponía. Faltó, durante un buen rato, darle un mejor destino a los centros para evitar que los continuos rechazos acabaran por frustrar a unos y agrandar a otros. No llegó a suceder porque a los 20 y luego de un córner y un par de rebotes, Aymeric Laporte le bajó el balón de cabeza a Oyarzábal que definió cruzado con el exterior de la zurda. Tres minutos más tarde combinaron Porro, Cucurella y Olmo para que el delantero de la Real Sociedad diera el pase a la red a dos metros de la línea y le bajase la persiana a cualquier nueva sorpresa.

Arabia quedó en estado boxístico de “no contest” a partir de ese momento. A los 34, Al Amri, uno de los centrales, decidió probar al arco desde su campo, tal era la incapacidad que percibía para mantener la pelota y avanzar jugando.

España no detuvo su ímpetu hasta el descanso. Oyarzábal gozó de un par de ocasiones más para incrementar su cuenta (a los 35, el travesaño le negó una de ellas), Pedro Porro tuvo la suya, a Olmo le cortaron justo la última gambeta cuando iba a quedar mano a mano con el arquero Owais después de una breve pero exquisita apilada, Yamal no tuvo puntería en dos remates desde su ubicación preferida cerca del vértice del área.

En el entretiempo, De la Fuente decidió guardarse sus cartas más fuertes para la última mano de la etapa de grupos, en la que se decidirá el primer puesto. Quitó a Lamine (ya se sabía que no estaba para jugar los 90) y al goleador vasco; más tarde, progresivamente, haría lo mismo con Pedri, Olmo y Baena. El cuarto tanto, a los 3 de la reanudación, fue la ayuda que le faltaba para dosificar energías pensando en el futuro.

El viernes ante Uruguay se podrá hacer un diagnóstico más certero de cuál de las dos caras mostradas hasta ahora por España es la que vale. En Atlanta y con un 4 a 0 convincente, al menos se ocupó de dar dos avisos: volvió Lamine Yamal y el poderío del equipo sigue vigente. Era lo menos que debía hacer para dejar en el olvido el trauma habían logrado sembrar Vozinha y su noble pandilla caboverdiana.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/espana-empezo-a-reencontrarse-con-si-misma-de-la-mano-de-lamine-yamal-y-con-los-goles-de-oyarzabal-nid21062026/

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