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Jugar y ganar con la mamá: la experiencia de las Lavinia y una hermosa sensación “para toda la vida”

Catalina, de 20 años, y Juana Lavinia, de 18, tenían una idea para el Masters femenino de polo de este año. Se la comunicaron a Isabella, de 15, la tercera hermana, y con su aprobación fueron h...

Jugar y ganar con la mamá: la experiencia de las Lavinia y una hermosa sensación “para toda la vida”

Catalina, de 20 años, y Juana Lavinia, de 18, tenían una idea para el Masters femenino de polo de este año. Se la comunicaron a Isabella, de 15, la tercera hermana, y con su aprobación fueron h...

Catalina, de 20 años, y Juana Lavinia, de 18, tenían una idea para el Masters femenino de polo de este año. Se la comunicaron a Isabella, de 15, la tercera hermana, y con su aprobación fueron hacia adelante. Las chicas, profesionales, querían armar un equipo familiar y que la cuarta jugadora fuese Brígida Ussher, su madre, de 47 años y otra apasionada de este deporte, a quien la maternidad obligó a desatenderlo durante mucho tiempo. A las tres las desbordaba el entusiasmo y un leve cosquilleo crecía desde sus entrañas con sólo imaginar la escena de ingresar a la cancha las cuatro juntas, representando a su club, La Matuza, de Capilla del Señor. La otra imagen, la de sostener la Copa de Plata en el podio, no se les cruzaba por la mente. Pero se dio. Un final feliz, emocionante, histórico, como recompensa al enorme desafío familiar.

“Todo arrancó en chiste, con Cata”, explicó Juana desde Inglaterra, donde se instaló el clan Lavinia Ussher antes de afrontar la temporada de primavera argentina. “Estábamos buscando la cuarta jugadora para completar el equipo y dijimos ‘juguemos con mamá’. La llamamos y le preguntamos si se animaba. Dijo que sí. Entonces llamamos a papá, que también dio su consentimiento, y encaramos el asunto”, agregó la segunda hija.

“Jugar con mi mamá y entre hermanas era algo que veníamos deseando desde hacía mucho”, apuntó por su parte Catalina, campeona mundial en 2022 y del Abierto Argentino Femenino de 2025, y hoy poseedora de 8 goles de handicap entre las mujeres. Desde Cambridge, antigua ciudad universitaria ubicada a una hora y media de auto desde Londres donde se desempeña profesionalmente, agregó: “Siempre estuvo la idea de hacerlo, pero por los embarazos de mis hermanos más chicos y debido a que nosotras estábamos con nuestro polo, nos costaba encontrar un torneo que fuese divertido para jugar y a la vez competitivo. Finalmente, se nos presentó la oportunidad y jugamos el Masters”.

En tanto, Brígida, desde Capilla del Señor, manifestó para LA NACION antes de viajar a Inglaterra: “Estoy cerrando el club y arreglando el tema del colegio de mis hijos más chicos”, deslizó con la suave y alegre tonada que aún conserva desde su infancia en un campo de Córdoba. Horas después se reunió en suelo británico con los suyos. Y antes de volar amplió sobre el origen del equipo 100% familiar y femenino: “Siempre estuvo la intención de jugar con ellas, ¿viste?, pero yo no me animaba. Sí jugué con Fabio, mi marido y el padre de las chicas, pero torneítos de 6 goles, de 10 goles... El Masters era otra cosa. Y cuando empezamos a planear esto era noviembre, diciembre, un momento bastante caótico como para meterle, ¿no? Porque todo dependía de nuestra organización: los caballos que necesitábamos, los petiseros... Además, tenemos patrones que vienen a nuestra organización y les proveemos caballos y hacemos todo lo que ellos desean”.

Le ganaron la pulseada

La resistencia inicial de Brígida no disminuyó el fervor de las chicas por convencerla. Insistieron y la sumaron al equipo. “«Dale, mamá; dale, metámosle», me decían a cada rato. «Esperen... No sé…». Y de repente, dije «sí». Pagamos el handicap, creo que dos días antes de anotarnos, y ya no hubo vuelta atrás”, recuerda la madre. Una risa sonora cierra la frase de quien nació en el seno de una familia muy de campo de Córdoba. “Papá, Juan Guillermo Ussher, era polista, amateur. Mi hermano mayor sí fue profesional y tengo una hermana mayor y una menor casadas con polistas. Yo me crié en la estancia Malagueño. Estuvimos girando un poco por Córdoba y, por el polo, terminamos en Buenos Aires”, detalla Ussher.

Que no se dedicó al polo. “Siempre estuve jugando prácticas y partidos, alguno que otro torneíto, pero dedicarme al polo, no. Después me casé con Fabio Lavinia, también profesional de este deporte, en Santa Fe, y tuvimos los cinco chicos. Entonces hice una pausa. Dejé de jugar, lógicamente. Y hace unos años retomé. Empecé a darle más en serio, más que antes de los embarazos”, cuenta Brígida.

Haber conseguido la Copa de Plata del Masters (la de Oro fue ganada por Pilará La Quince, conformado por Lía Salvo, Milagros Sánchez, Paulina Vasquetto y Lynly Fong) es un recuerdo imborrable para ella, su familia y la organización que comandan. “Estuvo rebuena la experiencia, relinda. Volví a entrenarme para jugar y si bien, antes no me sentía mal, me hizo muy bien en cuanto a juego, con el taco... Les dije que sí a las chicas y me largué, de corajuda, nomás... Por coraje y amor”, ríe.

Con el 1 en la espalda, la madre asumió su rol en el equipo. “Yo no mandaba: las chicas me mandaban”, vuelve a reír. Y sigue: “Apaciguaba las aguas cuando les subía un poco la adrenalina. ‘Bueno, bajen. Vamos, dale’, decía. El hecho de jugar y en un torneo de ese calibre (el equipo campeón ostentó 22 goles) resultaba un importante reto para Brígida. “Claro. Porque sentí esa adrenalina de un polo más rápido. Y tenía que tantear cómo eran las contrarias. Pensá que nunca había jugado contra Millie Hine, Lía Salvo... Jugadoras buenísimas, geniales. Estar en una cancha con ellas y jugando con mis hijas es lo más”.

Uy... Orgullo. Sí, orgullo total. Y felicidad. Primero por haber podido jugar los tres partidos. Segundo, porque nadie se lastimó. Y tercero, por estar juntos en familia. Compartir entre todos ese momento. Que los más chiquitos, Nina y Antonio, fueran y nos pasaran el agua, por ejemplo. Que mis papás fueran a verme, que fueran también mis hermanas y mis sobrinos... Es un mimo al corazón... Eso: un mimo al corazón

Brígida Ussher

La perspectiva del tiempo transcurrido permite a Brígida analizar con serenidad su actuación. A ella no le costó adaptarse al exigente nivel de polo. “Lo principal es que nunca tuve miedo. Jamás lo sentí. Arriba del caballo no lo tengo. No soy tan buena con el taco, pero puedo trabar, puedo sacar de la línea, puedo molestar... Ese era mi desafío, lo que más me divirtió“, se complace.

¿Qué sintieron cuando ganaron el partido y la Copa de Plata? “Uy... Orgullo. Sí, orgullo total. Y felicidad. Primero por haber podido jugar los tres partidos. Segundo, porque nadie se lastimó. Y tercero, por estar juntos en familia. Compartir entre todos ese momento. Que los más chiquitos, Nina y Antonio, fueran y nos pasaran el agua, por ejemplo. Que mis papás fueran a verme, que fueran también mis hermanas y mis sobrinos... Es un mimo al corazón... Eso: un mimo al corazón. Siempre me toca estar del otro lado, asistiendo al que juega o la que juega, dándole agua. En este caso, estando del otro lado, que hicieran eso para mí fue un mimo al corazón”, insiste la mamá de las Lavinia.

La Copa de Plata recompensó el esfuerzo familiar. Que no fue poco, por cierto. “Ufff... Hay mucha dedicación detrás del éxito conseguido. Nos arreglamos con caballos propios. Las caballerizas quedaron vacías, sin caballos, sin monturas, sin petiseros... Fue fantástico. Vamos a recordarlo toda la vida. Quedó en la historia”, celebra Brígida, plena.

Cata, Juana y Bella coinciden en que la experiencia resultó increíble. “Tremenda. Ser cuatro jugadoras con una misma organización es difícil. Requiere un enorme sacrificio, así que debemos agradecer mucho a mi papá, que fue el encargado y quien hizo posible todo esto”, remarca Cata. “Jugar con mi mamá y mis hermanas fue una cosa de locos. Nunca habría imaginado jugar con ellas un torneo oficial de la Asociación Argentina de Polo. Todas arrancamos en este deporte gracias a mamá y a papá. Siempre taqueábamos juntos y jugábamos prácticas en el campo, de Capilla del Señor, nuestra casa en Argentina, o acá, en Inglaterra. Siempre nos divertimos mucho. Ha sido una experiencia muy linda, muy divertida, que recordaremos eternamente”, subraya Juana.

E Isabella agrega: “Estoy muy feliz de haber jugado este torneo con mis hermanas y mi mamá. Fue una experiencia verdaderamente única; no pensé que fuera a pasar esto de jugar con mi mamá. Y es difícil organizar a cuatro jugadoras. Pusimos mucha garra para que se cumpliera esto”, aludió a su padre con un agradecimiento implícito.

Catalina, la más experimentada, reconoce que hubo instantes de cierta tensión durante los partidos. Situaciones propias de la acción, del calor de la contienda. Esos los cuales intervenía Brígida para apaciguar. “Claro que tuvimos nuestros roces”, admite divertida, antes de valorar lo positivo: “La verdad es que la pasamos increíblemente bien. Logramos algo único, algo que todos los que comparten un deporte en familia querrían poder hacer. Así que tenemos una suerte terrible”.

Luego de la conquista, la atención del clan apuntó a la nutrida actividad programada en el club de los Lavinia en Inglaterra, Cambridge & Newmarket Polo Club. “Lo compramos hace tres años con unos socios que eran patrones nuestros. Nos preguntamos ‘¿a dónde vamos con toda la organización?’. Y surgió la posibilidad de comprar el club. Nosotros tenemos seis, siete patrones en Inglaterra, a quienes les cuidamos los caballos, les organizamos todo el polo. El club es otro desafío que afrontamos. Tenemos tres canchas muy lindas y hay polo en arena para el invierno y polo de pasto, además de adiestramiento y salto. Allí nos quedamos hasta mediados de septiembre, porque generalmente el clima en agosto y septiembre se pone lindo”, detalla Brígida.

Vueltos a Argentina se instalan nuevamente en Capilla del Señor, donde cuentan con cuatro canchas, “porque la actividad es intensa en la temporada”. Y las chicas se preparan para su polo. La idea para este año es que cada una integre un equipo del Abierto Femenino. Cata, La Dolfina, campeón de 2025; Juana, La Ensenada, y Bella, un conjunto que está armando Marianela Castagnola.

El circuito internacional sigue. Nunca para. Las hojas del almanaque continúan cayendo y llegará el momento de decidir si las campeonas de la Copa de Plata del Masters defenderán el título en 2027. “Ay, no sé. Vamos a ver. Ojalá... Estaría relindo”, anhela Brígida, la mujer que, junto a sus hijas y el apoyo del resto de la familia, hizo historia en el polo.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/polo/jugar-y-ganar-con-la-mama-la-experiencia-de-las-lavinia-y-una-hermosa-sensacion-para-toda-la-vida-nid20092026/

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