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Sidy Diallo, médico francés: “El cuerpo humano es una máquina perfecta para correr y caminar descalzo”.

Correr 42 kilómetros sobre el asfalto de Buenos Aires representa un desafío exigente para cualquier atleta. Hacerlo con los pies desnudos parece, a simple vista, una locura. Sin embargo, cuando e...

Sidy Diallo, médico francés: “El cuerpo humano es una máquina perfecta para correr y caminar descalzo”.

Correr 42 kilómetros sobre el asfalto de Buenos Aires representa un desafío exigente para cualquier atleta. Hacerlo con los pies desnudos parece, a simple vista, una locura. Sin embargo, cuando e...

Correr 42 kilómetros sobre el asfalto de Buenos Aires representa un desafío exigente para cualquier atleta. Hacerlo con los pies desnudos parece, a simple vista, una locura. Sin embargo, cuando el francés Sidy Diallo cruzó la meta de la maratón porteña en 2019, no solo desafió la mirada incrédula de una multitud: estaba celebrando su carrera número 200 totalmente descalzo.

Médico de profesión y exdiplomático de carrera, a sus 71 años Diallo acumula más de 780 maratones en 105 países, consolidándose como uno de los referentes globales del movimiento barefoot: una corriente que invita a despojarse del calzado moderno para reencontrarse con la biomecánica ancestral del cuerpo.

“La gente suele asombrarse, pero la premisa de la que parto es strictly científica y anatómica: el cuerpo humano es una máquina perfectamente diseñada para correr y caminar descalzo. El calzado moderno amortiguado no hace más que alterar el funcionamiento natural de nuestro aparato locomotor”, sostiene con convicción el especialista.

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Ya retirado de las funciones diplomáticas, pero muy activo en las pistas del mundo, Diallo se convirtió en un divulgador perspicaz de este movimiento, articulando un mensaje directo que interpela tanto al corredor profesional como al peatón urbano. Se trata, en su definición más rigurosa, de la forma originaria y natural de desplazamiento en la que la planta del pie mantiene un contacto directo con el suelo.

“Empecé a correr descalzo a los 60 años, así que cualquiera puede hacerlo. El principal beneficio radica en respetar minuciosamente la biomecánica del aparato locomotor, que integra huesos, articulaciones, músculos, ligamentos y tendones bajo el mando del sistema nervioso central”, asegura Diallo.

Al prescindir de estructuras artificiales, la amortiguación natural del pie —un arco complejo diseñado por millones de años de evolución— se activa en toda su magnitud, previniendo lesiones y fatiga. A su vez, destaca el especialista, la amortiguación sintética actúa como un cuerpo extraño que altera la anatomía.

Para ilustrar las contras del calzado tradicional, Diallo apela a un hito del atletismo: el legendario Abebe Bikila. El corredor etíope asombró al mundo en los Juegos Olímpicos de Roma 1960 al ganar la medalla de oro corriendo descalzo. Años más tarde, tras adoptar el uso regular de zapatillas deportivas, en los Juegos de Ciudad de México 1968 sufrió lesiones que forzaron su retiro definitivo de las pistas.

“Los corredores descalzos están protegidos de forma gratuita por una amortiguación biomecánica de extrema eficacia”, afirma el médico, destacando que este principio le permite acumular desde julio de 2025 más de 600 kilómetros mensuales entre caminatas y carreras sin padecer dolores ni fatiga articular.

La dimensión neurocognitiva

Los beneficios de esta práctica no se agotan en los músculos; la dimensión neurocognitiva representa uno de los aspectos más reveladores. En ese sentido, Diallo explica de qué manera el contacto directo del pie con el terreno desencadena un flujo masivo de estimulación propioceptiva y táctil hacia el cerebro.

“Cuando se corre descalzo, las capacidades cognitivas mejoran de manera significativa porque el cerebro debe procesar en tiempo real un volumen inmenso de información del entorno para regular la pisada y evitar objetos molestos”, señala. Apoyándose en investigaciones de la Universidad del Norte de Florida, cita al científico Ross Alloway al recordar que salir a co

rrer descalzos exige una concentración sensorial que funciona como un entrenamiento inmediato para las funciones ejecutivas, volviéndonos mentalmente más agudos al finalizar la carrera.

Seguramente, uno de los obstáculos que enfrentan quienes desean iniciarse en esta práctica en un entorno urbano es el temor al vidrio o a la suciedad. Frente a esto, el especialista analiza la raíz de lo que denomina nelofobia, el miedo irracional a los cristales rotos. Según su relato, este rechazo nace de una fobia ancestral desarrollada hace unos 40.000 años, cuando los primeros Homo sapiens enfrentaron climas gélidos en Europa, sufriendo congelación y necrosis en los pies. “En la metrópoli, el riesgo de pisar un objeto cortante es mínimo porque el cerebro ajusta la trayectoria de manera instintiva”, advierte el especialista, que guarda un grato recuerdo de las calles porteñas: “El tipo y la calidad del asfalto de Buenos Aires garantizan una experiencia muy agradable para cualquier corredor descalzo”.

Lejos de ser una moda, la carrera con los pies descalzos nació hace tres millones de años con la caza en el Paleolítico, donde los ancestros lejanos perseguían presas hasta agotarlas. “Mientras que nuestros ancestros agotaban al animal cazado, hoy en día son los corredores de maratón quienes se agotan a sí mismos. Por lo tanto, es mejor correr como nuestros antepasados, es decir, descalzo o, cuando las circunstancias lo requieran (frío, oscuridad, etc.), con calzado minimalista”, sigue el especialista, que ya ha corrido 215 maratones y un ultramaratón de 90 km descalzo en 59 países. “Dado que el Homo sapiens es una especie tropical, nuestros cuerpos no están diseñados para caminar o correr descalzos en la Antártida. Participé en una ultramaratón de 50 km en la Antártida el 19 de febrero de 2015 con otros corredores, entre ellos uno que creía poder correr descalzo, pero que rápidamente se dio cuenta de su error”, recuerda.

En la Grecia clásica, los hemeródromos recorrían cientos de kilómetros descalzos para entregar noticias vitales. El propio Filípides, en el año 490 a. C., corrió sin calzado la histórica distancia entre Atenas, Esparta y el campo de batalla de Maratón. Por eso, Diallo enfatiza que el primer maratonista corrió descalzo, y lamenta que este hecho a menudo se olvide.

“Filípides corrió descalzo los 240 km que separan Atenas de Esparta para pedir ayuda contra los invasores persas, sin éxito y regresó a Atenas para dar la mala noticia. Luego corrió 40 km hasta el campo de batalla de Maratón y, finalmente, regresó a Atenas. La carrera de maratón toma su nombre de la última carrera de Filípides, es decir de Maratón a Atenas, lo que significa que el primer maratonista corrió descalzo”, rememora.

Para quienes desean iniciarse en este camino, Diallo sugiere un proceso gradual de desaprendizaje. Rompiendo con el mito de que se trata de algo exclusivo de jóvenes, recuerda que comenzó su transición a los 60 años. En cualquier caso, su recomendación para quienes gastan fortunas en zapatillas deportivas es directa: liberar los pies, comenzar caminando o trotando tramos cortos sobre asfalto firme y escuchar atentamente las señales del cuerpo.

“El dolor es una señal valiosísima: el cerebro te indica un problema y te protege de lesiones graves. A medida que te acostumbras, la molestia disminuye. El tiempo de adaptación dependerá de tu constancia, pero una vez que logras correr sin calzado, tu vida nunca vuelve a ser la misma”, asegura Diallo.

Y concluye: “Correr y caminar descalzo es la clave natural para el bienestar físico y mental. Deseo que mis explicaciones brinden la motivación para emprender esta maravillosa reconexión con la tierra y nuestras raíces”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/salud/fitness/sidy-diallo-medico-frances-el-cuerpo-humano-es-una-maquina-perfecta-para-correr-y-caminar-descalzo-nid21092026/

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