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The Queue: la tradicional fila de Wimbledon que no admite apps ni IA

LONDRES, enviado especial.- Antes de que los primeros raquetazos invadan la sonoridad del All England Club, Wimbledon ya empezó en otro lugar, mucho más terrenal. No en el Centre Court ni la canc...

The Queue: la tradicional fila de Wimbledon que no admite apps ni IA

LONDRES, enviado especial.- Antes de que los primeros raquetazos invadan la sonoridad del All England Club, Wimbledon ya empezó en otro lugar, mucho más terrenal. No en el Centre Court ni la canc...

LONDRES, enviado especial.- Antes de que los primeros raquetazos invadan la sonoridad del All England Club, Wimbledon ya empezó en otro lugar, mucho más terrenal. No en el Centre Court ni la cancha número 1, sino una tradición que empieza en el Wimbledon Park, donde miles de personas forman cada año The Queue, la fila más célebre del tenis. Allí no alcanza con tener tarjeta de crédito ni suerte en un sorteo: hay que llegar, esperar, respetar el orden y aceptar esa paciencia tan típica del ser british.

The Queue funciona como un rito paralelo al torneo. Tiene sus reglas, sus horarios, sus códigos y hasta sus cronistas en redes sociales. Para la edición 2026, la organización estableció que la fila se abra oficialmente ayer (domingo 28 de junio) a las 14. La indicación fue precisa: no llegar antes de esa hora. Una vez dentro de Wimbledon Park, cada persona recibe una Queue Card, numerada y fechada, que marca su lugar en la espera y que debe conservar hasta el momento de comprar la entrada.

La postal parece de otra época, pero el sistema está lejos de ser improvisado. La fila cuenta con stewards -personal encargado de organizar, gestionar y mantener el orden- y equipos de asistencia durante las 24 horas, baños, puestos de comida, estaciones para recargar agua, primeros auxilios y un área específica para personas con necesidades de accesibilidad. También, cuándo no en este tiempo digital, convive con la tecnología: para comprar entradas, los visitantes deben descargar la app de Wimbledon, crear una cuenta myWIMBLEDON y presentar su identificación digital. El desorden no va de la mano de la tradición.

El atractivo de The Queue está en lo que ofrece: una chance real de entrar al torneo sin haber conseguido tickets por los canales anticipados. Cada día se ponen a la venta entradas limitadas para las canchas principales. Hay 500 tickets diarios para el Court Central -salvo en los últimos cuatro días, cuando se venden por adelantado-, y también para la cancha número 1 y la 2 en los días correspondientes. Además, se ofrecen Grounds Passes, que permiten recorrer el predio y ver partidos en las canchas exteriores, incluidas las de asientos no reservados.

Para muchos fanáticos, ese pase general alcanza. Ver tenis en canchas chicas, caminar por el predio, sentarse en The Hill frente a la pantalla gigante y comer frutillas con crema puede ser una experiencia Wimbledon tan completa y privilegiada como acceder a otros espacios más exclusivos. Para otros, en cambio, el objetivo es más ambicioso: conseguir una de las entradas para las canchas principales. Ahí empieza la verdadera competencia, no con saques o voleas de por medios, sino con bolsas de dormir y mucho aguante.

Los testimonios de 2026 muestran que madrugar ya no garantiza una posición cómoda. La cuenta @ViewFromTheQ, convertida en una referencia práctica para quienes siguen el estado de la fila en tiempo real, relevó algunos testimonios. Chris Brown, periodista deportivo, contó que hacía nueve años no participaba de la fila y que esta vez llegó apenas antes de las 5 de la mañana. El resultado: número 4857. Su conclusión fue tan simple como contundente: tomar el primer subte solía ser el truco; ya no.

Otro usuario, identificado por la misma cuenta como @NoahKnowsFooty, informó que llegó a las 5.10 y recibió el número 5808. En una tradición donde cada número es un diagnóstico, la cifra habla sola. The Queue no perdió fuerza: se volvió más tempranera, más informada y más competitiva. El boca a boca de antes hoy convive con posteos en X, capturas de pantalla y cálculos casi financieros sobre el mejor horario para llegar.

Para quienes deciden pasar la noche, Wimbledon también tiene normas muy precisas. Solo se permiten carpas para dos personas. Los acampantes son despertados entre las 5.30 y las 6 de la mañana y deben dejar bolsos y equipo en el servicio de guardaequipaje. Quien no levanta la carpa puede perder su Queue Card. Tampoco se puede reservar lugar para otra persona, ausentarse más de 30 minutos, dejar objetos abandonados, hacer fuego, usar parrillas, fumar, vapear o convertir la espera en una fiesta de camping universitario. Esto es Wimbledon: hasta la épica tiene reglamento.

¿A cuánto se puede conseguir un ticket en la Queue?

Los precios también forman parte del atractivo. En el primer día del torneo de 2026, las entradas para el Centre Court figuran entre £80 y £115 (entre 105 y 150 dólares), según la ubicación; el No. 1 Court arranca en £70 (92 dólares) y el Grounds Pass cuesta £33 (44 dólares). Para quienes no consiguen tickets para las canchas principales al ingresar, existe una segunda oportunidad: desde las 15, el servicio de Ticket Resale puede liberar entradas devueltas para Centre Court, No. 1 Court y No. 2 Court. Esa reventa funciona mediante una fila virtual en la app de Wimbledon y, si hay disponibilidad, los tickets cuestan £15 (20 dólares) para Centre Court y £10 (23 dólares) para No. 1 y No. 2 Court. La recaudación neta se destina a la Fundación Wimbledon.

Esa combinación explica por qué The Queue conserva su magnetismo. En un ecosistema deportivo donde abundan los paquetes corporativos, la hospitalidad premium y los precios imposibles, Wimbledon mantiene un mecanismo que todavía premia algo muy elemental: estar ahí. No es exactamente democrático -el tiempo también es un privilegio-, pero conserva una lógica más abierta que la de muchos grandes eventos globales. El que espera, puede entrar. No siempre. No a cualquier cancha. Pero puede.

The Queue sobrevive porque Wimbledon entiende algo que muchos eventos olvidaron: un Grand Slam de tenis es una experiencia que merece vivirse

La fila también es construcción de comunidad y fidelidad. Hay turistas que esperan, pacientes, con sus reposeras, londinenses que conocen cada atajo del barrio de Wimbledon para conseguir una mejor posición en la fila, fanáticos que viajan desde otros países, familias que transforman la espera en excursión y expertos que calculan el horario como si estuvieran operando en la Bolsa. Todos comparten la misma incertidumbre: cuánto tardarán, qué entrada quedará disponible, si alcanzará el número, si el clima acompañará.

Pero no todo es alegría y fanatisma en The Queue de este año. Un grupo está haciendo campaña en contra de la expansión multimillonaria propuesta por el All England Lawn Tennis Club en los terrenos del antiguo Wimbledon Park Golf Club.

Lo más curioso es que la modernidad no terminó con The Queue: La cuenta de X @ViewFromTheQ funciona como un radar colectivo. Los usuarios informan hora de llegada, número recibido y estado de la fila. Esa información permite decidir cuándo salir, qué esperar y cuándo resignarse.

The Queue sobrevive porque Wimbledon entiende algo que muchos eventos olvidaron: un Grand Slam de tenis es una experiencia que merece vivirse. Hacer la fila, recibir una tarjeta, dormir poco, hablar con desconocidos y entrar al predio después de horas de espera forma parte del boca a boca que construye un legado.

En tiempos de accesos digitales con reconocimiento de cara, algoritmos, preventas, códigos promocionales y precios dinámicos, The Queue parece una rareza. Lo es. Pero también es una de las razones por las que Wimbledon sigue siendo Wimbledon, tradición con la dosis justa de innovación.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/tenis/the-queue-la-tradicional-fila-de-wimbledon-que-no-admite-apps-ni-ia-nid29062026/

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