Tomás Aranda, el 10 de Boca: un clon de Almada que encandila a Scaloni y no necesita hacerle el Topo Gigio a Riquelme
A Boca todo le cuesta demasiado. Se clasificó a los ...
A Boca todo le cuesta demasiado. Se clasificó a los octavos de final de la Copa Sudamericana pero sufrió más de la cuenta, necesitó de los penales y pocos futbolistas estuvieron a la altura del desafío. Las últimas frustraciones en las llaves mano a mano nacionales e internacionales -con los anteriores entrenadores- parecen bloquear a la mayoría de los futbolistas xeneizes en un miedo a perder que genera un efecto negativo a la hora de jugar. Quizás por eso el equipo del Vasco Arruabarrena se activó en Chile recién cuando pasó a perder 0-1 y casi le convierten el segundo gol. En ese sentido, quien intentó un acto de rebeldía y lo trató de rescatar no fue Sebastián Villa (el flamente refuerzo que fue reemplazado), Miguel Merentiel (muy incómodo como 9) ni Leandro Paredes, a quien se lo ve cansado y estresado por un Mundial que a toda la selección le exigió un esfuerzo físico, futbolístico y hasta mental. Ahí fue cuando resaltó Tomás Aranda, el juvenil de 19 años que pidió la camiseta 10 y que había aparecido mucho antes para mostrar un camino que sólo él y Leonel Flores (otro juvenil) parecían observar.
Claro que luego cometió un pecado de juventud, que le servirá de aprendizaje. El penal picado, el que le hubiera dado la clasificación a Boca sin necesidad de ejecutar la quinta tanda, le significó una enseñanza. Porque Aranda ya acapara flashes por haber irrumpido con destellos de crack en un Boca en crisis, por entrar de la mano de Claudio Ubeda y con el equipo perdiendo o en escenarios complejos animándose a tirar paredes y gambetas. Tampoco es que el extécnico le dio la gran chance: lo puso cuando casi no tenía jugadores por lesión y, como Aranda entraba bárbaro, ¿cómo iba a hacer para sacarlo? Tampoco es que el juvenil contó con un respaldo dirigencial y fue la Comisión Directiva encabezada por Juan Román Riquelme quien apostó a ciegas por él o notó algo distinto para darle lugar. El exenganche, uno de los mejores jugadores de la historia xeneize, no suele llevarse bien con los chicos surgidos de la cantera. El último ejemplo podría ser Zeballos -hoy apartado por no llegar a un acuerdo para la renovación del contrato-, pero la ecuación podría abarcar a varios: Medina, Valentini, Barco, Equi Fernández, Almendra. Pero, pese a todo esto, Aranda se transformó en el 10 de Boca.
Empezó a desequilibrar con gambetas y pidiendo la pelota: cuando a muchos le quema, Aranda pide el balón y, si lo pierde, enseguida se levanta para recuperarlo. Trata de jugar para los compañeros pero ante O’Higgins fue quien tomó la lanza para -con remates desde afuera del área- intentar encontrar una solución para el resultado que, desde lo colectivo, a Boca le costaba mucho. Y ahí fue cuando hizo figura al arquero Carabalí.
Pero así hizo su aparición en la primera de Boca: como cuando debutó en enero de este año ante Estudiantes, en La Plata, y un puñado de días después hizo lo propio ante Vélez, en Liniers, tiempos en los que Ubeda debió recurrir a Gonzalo Gelini e Ian Zufiaurre, otros juveniles. Llevaba la camiseta 36, pero su ascenso fue meteórico, a tal punto que Leandro Paredes pidió por él no bien llegó: necesitaba alguien con quien conectar entre el medio campo y los delanteros.
Si en el Boca de Ubeda Aranda aparecía más sobre la izquierda en un esquema 4-4-2, en el del Vasco Arruabarrena intenta recibir más centralizado, aunque en Chile -por el dominio rival- terminó reubicado también por las bandas a la hora de defender en un 4-1-4-1. Unos días antes también había mostrado desparpajo y personalidad cuando ingresó en el 0-3 a Riestra.
Pero lo cierto es que, con muy pocos partidos, encandiló a los hinchas y a Lionel Scaloni, DT de la selección: ante O’Higgins recién jugó su partido 25 con la camiseta xeneize, pero ya nadie duda en el Mundo Boca que se ganó la titularidad. Es cierto que tiene que llegar más al gol, ser más determinante en los metros finales, pero está transitando un camino lógico entre la adaptación a la Primera y, al mismo tiempo, en un club como Boca.
Si Scaloni se fijó en Tomás Aranda es porque antes lo hizo con Thiago Almada. El exVélez tiene un estilo de juego parecido, incluso en la selección cumplió una función como la que ahora tiene Aranda en Boca. En el Mundial pudo aparecer recostado sobre la izquierda en un 4-4-2 de la Argentina, pero con tendencia a cerrarse para el medio así quedaba con su perfil de frente al arco. Y si Scaloni además suele juntar un mediocampo con todos enganches, o todos futbolistas que tuvieron un pasado como 10... ahí encajaría Aranda, como alguna vez ingresó Almada cuando ese lugar izquierdo podía ser del Papu Gómez.
En la previa al Mundial 2026, antes de los amistosos con Mauritania y Zambia en la Bombonera, Scaloni había dicho sobre Aranda: “Lo hemos traído a entrenar porque vemos lo que ven ustedes. Es una linda aparición. Es muy joven. Imaginate el futuro que tiene por delante. Tiene ganas, desparpajo, uno contra uno. Es un jugador muy interesante. Está bueno que la selección juvenil tenga ese tipo de jugadores y le demos la posibilidad de entrenar con sus ídolos y vean que son de carne y hueso“. Pese a los elogios de quien estaba en el predio de Ezeiza con el Sub 20, pidió ”paciencia“, ya que es un chico muy joven, pero expresó su felicidad de tenerlo en los entrenamientos: ”Estamos muy contentos. Juega en Boca, uno de los clubes más exigentes del mundo. A mí me basta con que él entienda su situación. De nosotros saldrá toda la contención. Su carrera recién empieza y tiene que ir ascendente“.
Pero en junio de este año, luego de debutar ante Honduras con la selección mayor, Scaloni redobló la apuesta: “Aranda tiene potrero, juega bien, quiere la pelota...”, y describió una curiosidad que luego se hizo tendencia: “Entró masticando chicle, como si estuviera en su casa, y le dije: ‘Sacate el chicle’. Porque entrena comiendo chicle, entrena tan tranquilo y se siente tan bien que está cómodo y juega muy bien. Solo hay que darle tiempo”. Si Scaloni decide finalmente continuar en 2027 en el seleccionado, lo más probable es que Aranda forme parte de la próxima renovación, aunque para eso falta y, sobre todas las cosas, el enganche deberá confirmar sus rendimientos.
Riquelme siempre tuvo debilidad por Thiago Almada, pero la economía de Boca estaba lejos de poder cumplir su sueño. Cuando este lunes le preguntaron al presidente por lo sucedido con el penal de Aranda, apenas dijo: “No soy DT ni nada, como dirigente uno trata de ayudar, de que los muchachos estén bien”. ¿El respaldo lo pudo haber hecho puertas adentro, en el vestuario? Por suerte Leandro Paredes, una especie de ‘padrino’ dentro del plantel, fue el primero en ir a buscarlo para interceptarlo antes que el resto mientras Aranda volvía cabizbajo del punto penal hacia donde estaban sus compañeros y le dio un abrazo. Lo siguió Merentiel.
Paredes dijo sobre el penal de Aranda: “Son maneras de patear. Obviamente, cuando errás, te fijás la manera, pero es chico, ha hecho un partido increíble, creo que fue el que nos dio ese ánimo para ir a buscar el partido, porque lo ha hecho realmente muy bien”, destacó, dándole prioridad a lo realmente importante, al juego global por encima de una decisión puntual, aunque no por eso le dejó de marcar la falencia: “Son maneras de patear, decisiones, y seguramente aprenderá que hay momentos y momentos”.
Si bien hizo un solo gol en Primera, ante Instituto, Aranda no necesita hacer el Topo Gigio ni rendirle tributo eterno al presidente Riquelme, como sí puede suceder con otros futbolistas, como el propio Paredes, exjugadores xeneizes que festejan para otros clubes o el recién debutante Leonel Flores. Tiene personalidad para gambetear, para ser la bandera ofensiva de Boca aunque el equipo esté perdiendo y el contexto sea adverso. Para pedir la camiseta 10. También para picar un penal. Apenas tiene 19 años y muchas cosas para aprender, pero los movimientos de “Chicle” Aranda son de esas apariciones a las que el fútbol argentino no deberían pasarle inadvertida.